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8/15/2008 COLUMNAS FEMENINAS (Seguimos rumbeando)
¿A qué les remite esta frase? Piensen, piensen, que algo caerá. Mientras buscan en sus adentros y "afueras", les voy a contar lo que a mí me representa. Ni empalagoso. Ni seco. ¿Ta? Sé que esto puede llevar a que ellos, siempre ellos, piensen: “!Bueh!, a la final nada les viene bien”. Y no es así. O sí, pero esto merecería ser tratado como capítulo aparte, ni paréntesis ni párrafo, sino capítulo. Un término medio es eso, medio, ni para un lado, ni para el otro. Y ya vamos al grano no se preocupen que no me extenderé más en la intro. A las mujeres nos gusta que nos halaguen, que nos digan que nos quieren, que estamos lindas, que somos inteligentes, y todos los derivados posibles de esto. Pero no nos gusta que todo el tiempo lo hagan. A las mujeres no nos gusta que nunca, jamás de los jamases, nos expresen un “te quiero”, nos digan que estamos lindas, que somos inteligentes. ¿Se entiende por dónde vamos? Para los que no, acá va una brújula a modo de texto lleno de indicaciones, que tal vez, les sirvan para servirnos mejor a nosotras. El abuso es malo por definición: “Acción y efecto de abusar”, más claro imposible, más corto también. Es eso, se abusa y listo. Tenemos diferentes tipos de ellos claro está: está el Abuso de Autoridad, el de Confianza, el de Derecho, el de Posición Dominante, el de Superioridad, el Sexual; esto según varios diccionarios consultados. Vamos a incluir otro, que de no hacerlo no tendría sentido esta charla: El Abuso de Palabras, con su contrapartida: La Escasez de las mismas. En el caso del Abuso de Palabras ¿qué queremos decir? Que nos, me, te, molesta que hagan uso indiscriminado de ellas, que salgan de ustedes casi como vómito, escupidas, salvajemente de sus labios. Por más dulces y tiernas y buenas que sean estas palabras, hacer mal uso de ellas (léase, abusar, repetirlas 10 veces en una oración de veinte) suenan mal, caen mal, empalagan. Lo que ocurre generalmente es que luego de escucharlas una y otra vez, dejamos de oirlas, pasan inadvertidamente por nuestro cerebro, y ni hablar del corazón, que para esta altura ya ha puesto un filtro importante. No es necesario decir a la mujer amada cuánto se la ama cada diez segundos. No es necesario decir lo mucho que se nos quiere, todo el tiempo, reiteradas veces. Las palabras y su abuso nos conduce, inevitablemente casi, por dos caminos: o el hartazgo o la desconfianza. No digo que no existan mujeres que no amen este tipo de hombres, verborrágicos en cuanto al amor verbalizado se refiere, no digo que no. Pero Algunas no somos Todas. Sólo son algunas. Y yo acá no me ocupo de esas algunas sino de estas algunas. Si todos los días me decís que estoy linda, así me veas recién levantada, con ojeras, los pelos revueltos, y los ojos hinchados…cuando me produzca y real y objetivamente esté linda no tendrá el mismo valor tu “!que linda estás!”. Porque ¡No!. Porque es mentira que lo estoy en esas condiciones. Porque soy mujer y sé que es necesaria la producción para verme bella. Si me dejás en la puerta de mi casa y pasan cinco minutos y me llamás para decirme que me extrañás: ¿cómo voy a creer yo que eso es cierto? ¿Cómo se hace para extrañar a quien se acaba de ver? No entiendo. Ni lo entenderé. No es frialdad muchachos, es realismo. Ese “te extraño” es más una frasecita linda de novela que una realidad concreta. Ahora, si nunca me decís nada, si estoy lindísima y vos ni te mosqueás, seguramente te lo reclamaré de alguna manera, a veces explícita, otras no. Si mi inteligencia, mi sagacidad, mi rapidez, no te sorprenden jamás, eso sí que no es objetivo, es que no querés dar el brazo a torcer para decirme una verdad. O sea, ni una cosa ni la otra. Algo que esté en el medio, que se ubique justo donde necesitamos que se ubique. Porque así somos, en búsqueda constante del equilibrio perdido. ¿Será o no será hormonal? Quien sabe. Pero no importa mucho eso, lo que sí importa es que dada nuestra construcción, ésta, la de algunas digo, las cosas en abundancia nos sobrepasan, y las escasez nos deprime. Un camino con menos escombros de lo que parece. Aunque cueste creerlo. Es simple: Ni Muy Mucho. Ni Tan Poco. |
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