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3/24/2007 CON TU PUEDO Y CON MI QUIERO
A treinta y un años de la dictadura Con tu puedo y con mi Quiero 31 años de la etapa más negra de la historia, aún la herida sigue abierta. Hoy, más de tres décadas después, la Justicia asoma diferente. No por moda o por agenda oficial, sino por el trabajo de distintos sectores que jamás abandonaron la lucha.
Por Mara Fernández Brozzi
Treinta y un años de aquella madrugada de horror. Treinta y un años de cargar con la falta de justicia y la memoria falible de un pueblo que no siempre recuerda todo “siempre”. Memoria selectiva que olvida, que perdona, que condena, que vuelve a olvidar, vuelve a perdonar, vuelve a condenar. El camino no fue lineal, la justicia no fue para todos, la memoria se durmió ratos largos en la infamia de una anhelada reconciliación nacional, los pasos no fueron rítmicos en este sendero, no para todos claro. Están los que sí marcaron el trayecto con coherencia y constancia, con resistencia y valor. Están los que no, los que hoy se suben a trenes de los que antes se bajaron, los que aún hoy siguen desviando la visión hacia nuestro pasado presente. Presente que exige y pelea, que no olvida hoy como no olvidó ayer, que grita Memoria y respira Justicia. Una Justicia que vino y se fue, esporádica como nuestro mismo pueblo, esporádica en la perseverancia y la resistencia, intermitente en la exigencia y el reclamo, sorda, ciega, muda, sucia, camaleónica y cobarde, valiente y decidida, Justicia que se instaló sólo por segundos casi y no condenó con fuerza cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Luego volvió y arremetió perdones manchando la historia y la vida de quienes ya no están, de los que todavía estamos, perdonó asesinos y aplaudió libertades. Hoy regresa con ansias de ser ella en este tiempo, con resabios de monstruos que aún hoy permanecen siendo, con martillos con ganas de golpear y condenar y otros que titubean en el golpe y benefician con su acción no acción a cientos de asesinos. Treinta y un años de una noche que nos marcó para siempre, como pueblo que sangra, que canta perdido en el tiempo las mismas consignas que lleva la lucha, como partes de este todo que somos en una y todas nuestras diferencias. Y Aleluya por ellas, por ser distintos en lo que queremos y por lo que peleamos, por separarnos y no querer perdones que puedan arrimarnos, por la parte rara o la oveja negra, la pierna coja de un sistema que pretende que el paso sea igual en la inercia de todos los movimientos. Hoy no cantamos victoria, como no lo hicimos antes, sólo caminamos rengos, pero fuertes, rengos porque los 30.000 son esa otra pierna que ya no está para marcar el ritmo, pero sí marcan y marcarán ese horizonte de algo distinto, porque rengos llegaremos más lejos en el “no abandono de esta causa nuestra”. De una parte de la sociedad, que puede parecer nada a los ojos de quien mire con ganas que así sea, pero uno a uno somos muchos los que estamos sumando voluntades e ideales de Justicia, de Verdad. Porque uno a uno somos muchos Compañeros. Puede que este artículo, se deslegitime desde el argumento de “no objetividad”, “no periodístico”, pero sería en todo caso distintas maneras de concebir lo periodístico, y de ver la objetividad, o de buscarla, se trata después y antes de todo de posicionarse uno, desde uno mismo, desde lo que cree, lo que busca, lo que siente. Y por este creer, por este buscar, por este sentir, mis palabras no pueden más que decir lo que tienen que decir, desde mí, y desde tantos “no mí” que son iguales en todas mis subjetividades. Porque busco, porque creo y porque siento que “con tu puedo y con mi quiero vamos juntos compañero”.
Ráfagas
Ráfagas que vuelven y simulo no sentirlas, no veo, ni siento, si logro convencerme, no recuerdo, si logro borrarte del instante en que recuerdo, no extraño esas buenas cosas, si logro desvestirlas de lo bueno. Segundos de una historia que se aparece ante mí, y cierro los ojos, y empapo mis labios de otros que vinieron, y trabo las ventanas que puedan acercarte, y me mojo con palabras que no llevan tu nombre. Y te borro bruscamente no dejando huella, haciendo de cuenta que no piso ese ayer, intentando desterrar eso que quedó por ser, esa parte que no pudimos armar de nuevo, la falta que cubrió ese todo que no era. Sólo anhelo que ese trozo de esa huella no sea eterna. 3/1/2007 Te espero en el tiempo...Nueve meses..Un siglo...Apenas un instante...
Nueve meses sin vos, pero con vos en cada segundo en sangre viva que vamos atravesando. Nueve meses sin el abrazo y la mirada cerca, pero viéndote desde todos los respiros: en las cosas nuestras, en las tuyas solo, tus rincones, tus lugares, tus canciones, tus recuerdos.
Acostumbrar a la mirada a buscarte en esa desesperación del alma de tenerte, instar a estos ojos a verte ahí donde no te veo, donde no te vemos.
Tu sillón, tu jardín de invierno, ese refugio que te hacía respirar un poco de tus tres mujeres, tu cantidad de zapatillas que siguen apareciendo por la casa, tu ropa de paleta, tu parrilla repleta de cosas, tu galpón también refugio y escondite, tu música y tus letras escritas en papeles chiquitos, tus libros que llegaron a ser canjeados, tus programas de tele que te hacían reir y los que te hacian pensar, que te hacían decir desde el murmullo permamente y la acotación constante, tu riego por las noches persiguiendo lagartijas, tus mates dulces que querias amargos, tus enojos qye duraban un segundo y medio, tus ganas de abrazar sin abrazar, tu pómulo hundido cuando algo te preocupaba, tu mano en puño sosteniendo tu cara como si fuese a caerse, tu manera de servir los fideos y el "a vos te estoy sirviendo", tu forma de comer la ensalada, el sonido que hacias después de un vaso de coca bien fria, los trapitos para agarrar la parrillita de mesa del asado, como cruzabas las piernas cuando leias a la noche en la cama.
Te vemos en esas cosas que están acá, que siguen siendo por más que ya no sean, por más que ya no estén.
En tus amigos, esos hermanos del alma que te siguen teniendo también, y estás cuando nos reunimos, y está, de alguna manera esa voz fuerte y presente que hacía que sólo ella se escuche. En las miles de anécdotas que nos unen y fortalecen con los años y las cosas, en esas carcajadas por contar cien veces lo mismo y reir igual como si nunca lo hubiésemo escuchado, en todas esas excusas que nos mantienen vivos a pesar de los dolores, y nos mantienen juntos para hacer las cosas más sencillas.
Te busco desesperadamente, y en esas cosas puedo tenerte aunque más no sea por instantes, aunque duela, aunque ría, podemos tenerte porque marcaste a fuego cada uno de nuestros pasos. Porque fuiste, sos, y seguirás siendo, siempre, siempre, siempre, MI EJEMPLO!
Como en esa carta que hoy encontró Fla, en la que nos decías tantas cosas, escrita en el 86, pero que nos sirve hoy, tal vez más que ayer, porque entendemos más cosas, porque pasaron los años y sabemos hoy lo que fuiste armando a lo largo de tu vida. Muchos sueños se cumplieron, los viste casi todos, y otros que se están dando hoy y que me duele que no los veas desde acá, pero se están cumpliendo, y a vos te lo debo Pa.
Y en esa carta decías, despidiéndote de tus nenas, de manera perfecta, y hoy más perfecta que ayer..."Las espero en el tiempo" decías...
AHÍ NOS VEMOS!!! |
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